El Rincón de las Hadas

Mentir es lo más divertido que puede hacer una chica sin desnudarse. Aunque si se desnuda es aún mejor. (Natalie Portman. Closer)

sábado, septiembre 25, 2004

A veces leo revistas enteras

...Y a veces me encuentro con agradabilísimas sorpresas, por ejemplo un artículo de Juan José Millás (autor de "Dos mujeres en Praga", novela que recomiendo). El artículo en cuestión aparece en la última página del Marie Claire de este mes (Atención, chicas, con camiseta de Jordi Labanda de regalo!!). El artículo me ha impactado tanto que quiero compartirlo con vosotros:


"De perros y hombres"

Los perros son imprevisibles, no por lo que tienen de animal, sino por lo que tienen de humano. Con el mío me entiendo muy bien cuando él actúa como un perro y yo como un hombre o bien cuando yo me comporto como un perro y él como un hombre. Las dificultades de comunicación aparecen cuando, sin que yo me haya convertido en perro, él, para ponerse a mi altura, se comporta como un hombre, o viceversa, y disculpen el juego de palabras. Le temo cuando salimos a pasear porque hace todo lo que a mí me pasa por la cabeza, pero que no me atrevo a llevar a cabo.

Habla con todas las hembras, incluso las huele, y ataca a todos los perros que le caen mal y que se cruzan en nuestro camino, los conozca o no. Cada vez que realiza una de mis fantasías, vuelve la cabeza y me mira, como pidiendo mi aprobación, y yo se la doy, claro, para tener la fiesta en paz.

Hace poco leí en el periódico que una mujer y su perro habían muerto atropellados por un coche al tirar el animal de su dueña hacia la calzada. Lo de arrojarse bajo las ruedas de un automovil es una fantasía recurrente en cualquier ser humano con problemas de comunicación. Pero pocos la llevan a cabo. Quizá este animal se inmoló a sí mismo para realizar una antigua fantasía de su dueña en un acto de amor que merecería nuestro reconocimiento. En tal caso, al perro le dominó en ese momento su lado humano, que cuando aparece es brutal. Mi perro, por ejemplo, no come si no hay alguien a su lado. Pocas cosas son tan animales como el hambre. Por un pedazo de pan, el ser humano es capaz de las mezquindades mayores que quepa imaginar. Pero mi perro, se lo juro a ustedes, no come si no estoy a su lado, conversando con él, como ve que hago con el resto de la familia cuando nos sentamos a la mesa.

Desde que leí la noticia del perro suicida, me da miedo pasear con el mio cerca de las autopistas o de los acantilados. No puedo acercarme a un acantilado sin sentir el vértigo de su atracción. Pienso que lo más probable es que el animal tirara de mí para realizar mi fantasía y quizá la suya. Cuando le hablo, me mira como si entendiera lo que le digo y me ladra con sintaxis. A veces, nos asusta el grado de comunicación que hemos alcanzado entre los dos, que es directamente proporcional que hemos alcanzado con el mundo. Ahí estamos, atados el uno al otro por la correa visible con la que lo saco (o me saca) a pasear y por un sinfín de vínculos invisibles con los que nos quedamos en casa.

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